¿Somos libres?

¿Qué es realmente la libertad? ¿Qué significa ser libres? La respuesta podría ser muy obvia, ya no existe la esclavitud, vivimos en un mundo en el que podemos hacer lo que queramos mientras no dañemos a otros… Pero si profundizamos en ese concepto como lo define la Real Academia de la Lengua: Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos; y veo esa gran frase… responsable de sus actos, me doy cuenta de que vivimos lejísimos de la libertad.

Creo que nadie es responsable al 100% de sus actos. A lo largo de nuestras vidas vamos encontrando cosas que nos sacan de la realidad, que nos lleva a ver nuestras vidas como si fueran de otros, con reglas y normas con las que no estamos de acuerdo, con dogmas castrantes, ideologías extremistas, nos dicen qué debemos comer y a qué horas, en qué debemos creer, cómo debe ser un buen hombre y una buena mujer, cómo es portarse bien y portarse mal, cómo debemos vivir y para qué vivimos, cómo debemos vernos, qué tipo de ropa ponernos, nos creemos la idea de caer bien, de ser aceptados. Entramos en jaulas y hacemos los barrotes más gruesos sumando creencias y patrones propios. Vivimos las vidas que se inventaron otros.

Y entonces llega un día en el que vemos que hay gente afuera y nos preguntamos, ¿qué están haciendo afuera? ¿cómo salieron? ¿qué hay que hacer ? Y empieza la búsqueda desesperada por salir, vamos a mil lugares, terapias, apoyo espiritual, oración, meditación, yoga, lo que sea que empiece a darnos algo de paz y normalmente en esas búsquedas… a dónde llegamos? A la gran respuesta: TODO está adentro. ¡TODO!

La jaula la creé yo, con todo lo que creí, con todo lo que permiti, con todo lo que pensé, con todo lo que sentí, con todo lo que dije y con todo lo que hice, nadie más que yo. Entonces me pregunto: ¿Para que la creé? Pues precisamente para tener la conciencia hoy de reconocerlo y ser capaz de abrir mis alas y salir de allí creyendo firmemente que puedo ir y ver el mundo a través de mis ojos, no de los ojos de otros; que puedo experimentar a Dios a través de mi vida y no de la de otros; que puedo ser amada, no por otros, por mi misma; que puedo ser lo que yo quiera no para los demás sino para mi y por mi.

Y sé que en algún momento volveré a acercarme a la jaula pero ya la veo mejor y veo hacia afuera y se que soy humana y que todo fluye y refluye pero desde otro lugar, desde mis ojos, desde mi corazón, desde mi percepción, sin juicios, sin dramas. Cuando entiendo que todo es cuestión de decidir salir o quedarme y decido salir, confío, en mi, en mi guía que ha estado diciéndome todo el tiempo que hay algo más afuera, que hay plenitud, que hay prosperidad, que hay amor, que no hay nada más grandioso que yo misma esperándome ahí, a pesar de haberme traicionado, criticado, juzgado, porque yo soy la única persona que estará conmigo hasta el fin de esta existencia, y solo en ese encuentro puedo ser libre. Solo en ese encuentro conmigo puedo ser responsable de mis actos y darme lo mejor del mundo a mi, tomar las mejores decisiones para mi, alimentarme bien, cuidarme y protegerme.

Cuando pueda estar en paz y sentir que cada cosa ha valido la pena, que no hay bueno ni malo, que las cosas solo son, que yo soy tan valiosa como somos todos, que la diferencia nos une y en la medida en que todos salgamos y volemos afuera de esas jaulas, construiremos un mejor planeta, desde el amor, desde la compasión, desde la individualidad, pero también desde lo colectivo.

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